16.10.10

Marta

Las sábanas revueltas y el pelo revuelto. Esas imágenes fueron las primeras de aquella mañana gris, con lluvia tenue, y frío. Le encantaba despertar así, sentir la piel de gallina, desnuda. Porque ella siempre dormía desnuda, no importaba qué clima hiciera fuera de la casa, siempre dormía desnuda. Un ruido la sacó de aquel trance en el que estaba. Era un golpeteo en la puerta trasera. Corrió a ponerse una bata, una blusa, algo que la cubriera medianamente, para poder asomarse. Los treinta le habían sentado bien, y lo sabía.

Se asomó, con mucho cuidado corrió la cortina de la ventana, y no vio a nadie. Dio la vuelta, y al cabo de tres o cuatro pasos, el golpeteo volvió. No era un ruido tan fuerte. Quizá se sobresaltó porque estaba muy embebida en sus sensaciones. Volvió a correr la cortina. Y ahora sí vio a un tipo, ladeó un poco la cabeza para ver bien el rostro. Era su vecino. Quería avisarle que su perro estaba fuera de la casa, otra vez había escapado por el garaje. Ella había echado en falta los ladridos, pero no se había percatado del todo de la ausencia del perro. “Es un vago incorregible, no pasa nada, tiene más vida que yo”, pensó para sí, al tiempo que agradeció el aviso.

El perro volvió casi a mediodía, con un trozo de carne en el hocico. Marta estaba lista para salir. El perro comenzó a rasgar la puerta trasera, como siempre hacía cuando quería entrar. Ella lo dejó pasar, pero de inmediato sintió el mal olor que despedían tanto el perro como la carne. Una opresión se le hizo en el pecho. Presintió que el perro traía desgracia consigo. Algo le hizo saber que aquel trozo de carne podrida podía ser el comienzo de una muerte, la muerte suya propia, o quizá otra muerte. No le habló al perro ni quiso ver el trozo de carne. No sabía qué hacer…

El perro murió de inmediato. Ella y el vecino cavaron durante un par de horas. Enterraron el cadáver junto con el trozo de carne, que Marta se propuso no mirar jamás.

La mañana siguiente era gris otra vez. Las sábanas revueltas y el pelo revuelto. Su rostro en el espejo fue la tercera imagen del día… notó una grieta debajo del ojo izquierdo…