28.10.08

Tiamina (segunda entrega)

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Pero eso no bastaba. Sofonías Sepúlveda perdió todas sus guerras.

Cayó una vez. Y siguió batallando. Guerreó muchas veces y perdió siempre, sin excepciones.

Llegó a pensar en volarse los sesos. Pero no pudo imaginar cómo hacerlo, su capacidad imaginativa no estaba acostumbrada a esa violencia.

Era un tipo extraño. O eso decían. Aunque su vida fuera tan gris y corriente, aunque sus actos estuvieran marcados por un sentido común tedioso.

Sin embargo, eso cambió repentinamente. De pronto se le veía más vivaz, más apasionado, a pesar de todos sus fracasos. Muchos pensábamos que se trataba de un enamoramiento súbito, uno de esos amores que se instalan de inmediato en el alma o en el corazón o en el cerebro, en cualquier resquicio del ser. Otros opinaron que no solamente era un enamoramiento súbito, dijeron que se trataba de una fiebre sexual. Pero nada de eso había ocurrido.

Sepúlveda, simplemente, había descubierto la tiamina.

{Espere la siguiente entrega más temprano que tarde.}

1 comentarios:

Pedro Haragán dijo...

jajajaja, me encanta. Hasta allí lo podés terminar. Había conocido la tiamina. Fin.